Carmenère: carmín desde Chile

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Hace algunas semanas fui invitada por el equipo de Casa Oliveira para celebrar el Mes del Carmenère. Me excuso por no haber escrito este texto antes, pero lo bueno es que ahora puedo hacer una reseña más completa dado que, gracias al apoyo de la Distribuidora, logré organizar una actividad para mis seguidores, quienes pudieron -al igual que yo- degustar las diferentes líneas de los productos de Santa Carolina.

LA CEPA

La Carmenère es originaria de Burdeos, Francia, donde sigue siendo una de las variedades permitidas en la mezcla bordelesa (Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc, Petit Verdot, Malbec y/o Carmenère). No obstante, su cultivo es mínimo, se dice que solamente quedan diez hectáreas plantadas, y actualmente sólo unos pocos productores la incluyen en sus vinos:    Château Haut-Bailly (Pessac-Léognan), Château Brane-Cantenac (Margaux), Château Clerc Milon (Pauillac), Château de Claribès (Gensac) y Château Le Puy (Saint Cibard).

Su racimo es pequeño y relativamente suelto (no compacto), con bayas medianas, esféricas, de piel media a gruesa, con un color negro azulado. Sus hojas son medianas, con cinco lóbulos (no tan marcados como los de la Cabernet), y tienen la particularidad de tener un color carmín en el envés mientras las uvas maduran (tono del cual dicen deriva su nombre, en francés carmine), hasta adquirir el mismo color en su totalidad antes de caerse de la planta.

Esta variedad tiene un ciclo de crecimiento más largo que el de la Merlot. Brota algunos días antes y es cosechada alrededor de tres semanas después. Debe cultivarse en zonas de clima moderado, con suficiente amplitud térmica, para que las bayas consigan la madurez fenólica correcta, pues esta variedad tiende a alcanzar altos niveles de azúcar antes que las semillas estén listas.

Los expertos explican que la Carmenère debe cultivarse en suelos un poco más fértiles de lo común, no únicamente para que el follaje sea amplio y proteja a las uvas durante su maduración, sino para que el agua pueda ser retenida (evitando así la irrigación) y la vid consiga, de esta forma, la cantidad de agua adecuada para que las notas herbáceas propias de la variedad sean perceptibles, pero no prominentes.

En la actualidad, hay alrededor de ocho mil doscientas hectáreas de Carmenère en Chile, lo que vuelve a este país el líder en su producción. Aparte, se consiguen algunas plantaciones en Italia (Veneto y Friuli-Venezia Giulia), Estados Unidos (Washington y California) y Francia (Burdeos), entre otros.

EL DESCUBRIMIENTO

Por mucho tiempo la Carmenère fue confundida con la Merlot en Chile. Oz Clark indica en su libro Grapes & Wines que fueron posiblemente Paul Pontallier y Bruno Prats, fundadores de Viña Aquitania, quienes notaron originalmente esta situación (1980s), cuando al plantar dos lotes de lo que ellos creían era Merlot, identificaron que si uno de ellos era esta cepa, la otra sin duda, no lo era.

En 1991 el ampelógrafo francés, Claude Valat, comentó en público el hecho, aludiendo que parte del Merlot sembrado en Chile no era Merlot, que era quizá Cabernet Franc. Sin dar seguridad, el hecho se siguió manteniendo como un secreto a voces, posiblemente para proteger al mercado de vinos de Chile.

Tres años más tarde (1994), Jean-Michel Boursiquot, pupilo de Valat, reconoce la presencia de Carmenère en los terrenos de Viña Carmen, en el marco del VI Congreso Latinoamericano de Viticultura y Enología. En 1996 esta bodega produce el primer vino hecho con Carmenère, el cual fue etiquetado como Grande Vidure (nombre con el cual también se conoce la variedad en Burdeos).

Desde entonces, viticultores y enólogos han ido aprendiendo el arte de cultivar esta uva para conseguir de ella la mejor expresión posible. La vinifican como varietal o como parte de los cortes, y puede ser disfrutada joven o con crianza. En la actualidad Chile celebra, junto con el resto del mundo, el 24 de Noviembre como Día del Carmenère, ya que fue en esta fecha cuando Jean-Michel Boursiquot “descubrió” la variedad en su territorio.

LA DEGUSTACIÓN

Durante la actividad a la cual fui invitada por Casa Oliveira, tuvimos oportunidad de disfrutar de los vinos de la bodega Santa Carolina, parte importante del grupo Carolina Wine Brands y una de las viñas más antiguas de Chile (más de 140 años de historia).
Estos productos acompañaron un exquisito almuerzo servido en el Instituto Culinario de Caracas, liderado por el chef Héctor Romero. Las armonías resultaron fabulosas:

  • Steak Tartar a Caballo con Santa Carolina Carmenère Varietal 2013
  • Calalau de Langosta y Cerdo con Santa Carolina Carmenère Reserva 2012
  • Tarkarí de Cordero con Santa Carolina Reserva de Familia Carmenère 2012

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Para cerrar, fuimos consentidos con el Santa Carolina Herencia, un vino de larga guarda, complejo y elegante, el cual fue grandioso descubrir entre colegas periodistas, especialmente en amigable conversa con el señor Miro Popic.

Posteriormente, tuve oportunidad de liderar una degustación de los mismos vinos para un grupo de aficionados (el pasado sábado, Diciembre 3, 2016):

  • Santa Carolina Carmenère Varietal 2013: de color rojo rubí, con intensidad media baja. Perfumado y conquistador, invadió la sala con sus pronunciados aromas a frutas rojas y negras maduras, toques especiados y algunas notas vegetales que recordaban el pimentón verde y algo de aceitunas negras. En boca una entrada ligeramente dulce dio paso a una buena acidez, no siempre esperada en un Carmenère. Con una astringencia perceptible, pero gentil, y un cuerpo medio, este vino confirmaba sus aromas en boca para despedirse posteriormente con un dejo amargo. Los participantes coincidieron en que se trataba de un vino fácil y agradable de beber, para compartir en cualquier momento entre familia y amigos.
  • Santa Carolina Carmenère Reserva 2012: el color rojo rubí se mantuvo en copa, pero con una profundidad y densidad mayor a la del vino anterior. Su nariz, también honesta pero menos intensa, no solamente permitió apreciar los aromas propios de la variedad sino que dio chance para reconocer aquellos generados durante los ocho meses de envejecimiento en barricas de roble francés y americano, por los cuales pasa este vino. En boca se presentó amable, con una acidez más baja y notas ligeramente salinas. La sensación de las frutas de bosque maduras y las especias podían ser percibidas en un vino más voluminoso, de cuerpo medio/alto, que dejaba una sensación de calor en su despedida, con persistencia prolongada.
  • Santa Carolina Reserva de Familia Carmenère 2012: color piel de ciruela negra, de capa alta, con un menisco violáceo, más alegre que el segundo vino. Intensidad media en nariz, con aromas amalgamados, entre los cuales destacaron las notas de los terciarios por encima de los propios del varietal. Los participantes percibieron ciruelas pasas e higos deshidratados, pimienta negra, hierbas aromáticas como el laurel, leves notas férricas (sangre) y aromas empireumáticos. En boca el vino se mostró absolutamente armónico, con un cuerpo que invadía cada espacio, una astringencia sedosa, educada, y una larga persistencia.

ey_sc201601Esta degustación sirvió para entender cómo una misma variedad puede expresarse de distintas maneras con una vinificación diferente. Fue, a su vez, ideal para explicarle a la audiencia que una misma cepa puede gustarnos en mayor o menor grado, dependiendo de la forma en que haya sido trabajada, y que todo depende de la ocasión de consumo.

Nuevamente agradezco a Casa Oliveira por su continuo apoyo y por seguir trayendo al país vinos de excelente calidad como los de Viña Santa Carolina.

¡Salud!

Elizabeth Yabrudy I.