Los Vinos Rosados ¿Cómo saber qué comprar?

Algunos dicen que los rosados están de moda. Otros afirman que por ninguna razón tomarían vino rosado. Muchas mujeres ven en un “rosadito” una excelente opción para tomar vino. El hecho es que, por un motivo u otro, los rosados no son bien entendidos. Hasta hace algún tiempo se pensaba que eran la mezcla de vino blanco y vino tinto cosa que, en efecto, en algún momento fue cierta.

Pero en la actualidad, la elaboración de vinos rosados es un tema serio. Muchas bodegas tienen claramente identificado el volumen que quieren producir de este tipo de vino y le otorgan la importancia que se merece.

Para la producción de vinos rosados de calidad pueden utilizarse uvas rosadas (algo poco frecuente), uvas tintas, o la mezcla de uvas blancas y tintas. El color en sí del producto final dependerá de la variedad o variedades de uva utilizada para la elaboración del vino, mientras que la intensidad estará asociada con el tiempo de maceración.

Vinos Rosados - Imagen tomada de WineFolly

El proceso de vinificación más común se parece mucho al de los vinos blancos, salvo porque se dedica un tiempo para la maceración. Una vez despalilladas y estrujas las uvas, las mismas se dejan en contacto con el hollejo para extraer los antocianos de la piel y conseguir el color deseado.

Cuando se hacen vinos rosados, el proceso de maceración ocurre antes del prensado y la fermentación. Puede ser un periodo de pocas horas, sobre todo cuando se trata de variedades con pieles gruesas y de color intenso, como Malbec, Syrah o Mourvedre, o de hasta 24 horas cuando se utilizan variedades con pieles más delgadas (con menor cantidad de antocianos), como Pinot Noir, Gamay o Garnacha. La decisión sobre el tiempo la toma el enólogo, de acuerdo con el estilo del vino que quiere hacer.

Prácticamente todas la variedades tintas pueden utilizarse para elaborar vinos rosados. El aspecto más importante es que el enólogo debe conocer con anterioridad el estilo de vino que desea producir. En este sentido, parte de los factores a considerar incluyen las cepas a utilizar; si el vino será un vino seco, semi-dulce o dulce; si será un vino aromático o no; si va a ser un vino suave y delicado, o uno con mayor estructura. Partiendo de ello podemos decir que producir un vino rosado de calidad es hacer una obra bien pensada.

¿Cómo saber qué comprar?

Como cliente final quizá te interesen menos los aspectos técnicos explicados arriba y mucho más el saber qué adquirir cuando estás frente al anaquel. Las botellas de vino rosado son, por lo general, transparentes. Esto te permite ver su color y tener una idea del producto que vas a comprar.

rosados

Rosados metalizados o blanco con destellos rosados:

Como lo sugiere su color tan pálido, van a ser vinos suaves y delicados, ideales para consumirlos tan pronto salen al mercado. Son vinos frescos y fáciles de tomar, casi libres de taninos, muy afrutados y altamente aromáticos. Por lo general van a estar cargados de notas frutales (frutas con semilla) y florales, con una buena acidez en boca, que algunas veces podrá balancearse con cierto dulzor.

Es importante que al momento de comprar verifiques si se trata de un vino seco o abocado, pues algunos rosados –sobre todo con esta tonalidad- suelen tener un contenido notorio de azúcar residual, lo que los hace ligera o medianamente dulces al paladar, como es el caso del Rose d’Anjou, de algunos rosados portugués (Lancers o Mateus), del famoso White Zinfandel o los vinos etiquetados como “Blush” en Estados Unidos.

Estos vinos, sean dulces o secos, deben tomarse a una temperatura entre 5 y 7 grados centígrados. Pueden servirse como aperitivo o acompañando ensaladas ligeras, pasapalos simples a base de mariscos (incluyendo Kanikama).

Rosados de color claro a fuerte:

Pueden ser suaves pero con una ligera astringencia, pues para obtener su color pasaron más tiempo de contacto con la piel de la uva, lo que les otorga pigmentación y taninos. Por lo general van a presentar una intensidad aromática media, y es posible que las frutas rojas resalten en nariz, acompañadas por notas especiadas y algunas flores. En boca va a percibirse cierta acidez y una astringencia media/baja.

Estos vino, por lo general, suelen ser secos, a menos que la etiqueta indique lo contrario. Son productos que pueden tomarse solos o acompañar algunas comidas, sirviéndolos entre 6 y 8 grados centígrados. Son la opción ideal cuando no sabemos qué vino poner en la mesa, bien sea porque tenemos muchos invitados o porque tenemos muchos platos y no podemos colocar un vino particular a cada uno.

Rosa carmesí o colores intensos:

Parecen un tinto claro, generalmente más rojos que rosados, pero translúcidos. Son vinos en los que se ha extraído mucho más color y astringencia de la piel de la uva, por lo que van a ser -casi siempre- rosados de mayor carácter. Muchos vinos rosados italianos presentan estas características (aunque pueden seguir siendo sutiles en boca). Lo mismo ocurre con algunos españoles y portugueses.

En nariz van a resaltar las frutas de bosque y, frecuentemente, aromas más parecidos a los de un tinto, pudiéndose percibir en algunos casos las características de las variedades que les den origen. En boca tienen la acidez menos marcada que los vinos anteriores, posiblemente con una mayor astringencia.

Los rosados intensos se recomiendan generalmente para armonizarlos con comida. Una paella o un arroz a la marinera es una excelente opción. Son estos los vinos que podemos ofrecer -para sorprender- a quienes dicen siempre “los rosados son vinos de mujer”.

Rosados de color salmón o piel de cebolla:

Son probablemente los vinos más difíciles de catalogar por su color. Si están en la edad correcta para su consumo y han sido bien cuidados, factiblemente presenten carcterísticas similares a las de los rosados claro a fuerte. Sus tonos con destellos naranja fundamentalmente van a deberse al color de la piel de la variedad con la que fueron elaborados.

Si, por el contrario, han pasado su tiempo idóneo de consumo o han sido guardados en malas condiciones (por ejemplo, expuestos a procesos de oxidación por exceso de luz), entonces estos tonos bien sea naranja o piel de cebolla son el producto de una degeneración de su color original, pudiendo presentar defectos el vino.

La clasificación anterior es simplemente una guía para el consumidor final. Puede haber excepciones y vinos que nos sorprendan; quizás algunos claros potentes u otros oscuros delicados.

Cierro comentándoles que cuando hablamos de rosados hay muchos factores que influyen en la calidad y en las características del producto final, tales como la variedad o variedades de uva con las que se elabora, el tipo de vinificación que se aplique y la edad del producto. La mayoría de los rosados deben consumirse jóvenes; es decir, máximo dos o tres años más del año que aparece en la etiqueta. No son productos pensados para guardarlos por mucho tiempo.

Hay muchas motivos y ocasiones para consumir rosados. Sólo debemos darles una oportunidad.

¡Salud!

Elizabeth Yabrudy
@eyabrudyi


NOTA: este texto fue publicado originalmente en http://www.4000ac.com, sitio web en el cual tengo un espacio llamado La Columna del Sommelier

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